
Ahora que estamos de exámenes, me gustaría hablar sobre una práctica muy común y, en ocasiones poco decorosa, de la que hacemos gala los carlistas:
pillar sitio para el examen.
Hay quien piensa que un examen, más que cuestión de conocimiento, es también cuestión de
despliegue, como el general que despliega a sus tropas como el mayor de los
estrategas.
"A este delante mía para que me chive algo, a este otro a mi derecha para copiar el tipo test...¡no espera, que es zurdo! Mejor a la izquierda que sino me tapa la hoja." Así como para poder sacar más chuletas que en la barbacoa de
Falete.
Esto supone llegar
con tiempo, porque sino te quedas con lo que sobra, con la
carroña en cuanto a sitios se refiere. Te conviertes en hiena, cuando querías ser león. Pero siempre tienes la opción de decírselo a un
compañero, que irá desperdigando hojas/abrigo/mochila para
reservarte el sitio. Esos son los compañeros buenos de verdad, no les dejes escapar.
No podía faltar mi
anécdota personal al respecto. Me mola contar batallitas, ya sabéis.
Ocurrió hace un tiempo, en un
examen de una asignatura cuyo nombre no voy a decir, pero que va de Analizar y Diseñar Circuitos
(ejem..). Como principales
protagonistas de la historia,
un servidor que escribe, y
un chaval del que tampoco diré nombre para evitar que carguéis vuestra ira sobre él y vayáis a buscarlo, en plan turba, para ofrecérmelo en
sacrificio. Aunque no estaría mal.
El caso es que llegué,
prontito, y reservé mi sitio estratégico colocando
mi mochila en su lugar. Al rato, y como era de prever, yo que soy de vejiga inquieta, decidí ir al
baño a cambiarle el agua al gorrión, para evitar
incomodidades durante el examen
(que ya me pasó una vez).
Cual fue mi sospesa cuando
al llegar, mi mochila estaba sutilmente apartada, y un
espabilao sentado allí, como si nada. Me acerqué y le dije que que hacía ahí, que ese era
mi sitio. El tío ni se digno a mirarme, y me contestó que no, que ese sitio lo había cogido él
hace un rato.
No sé si es que de camino al baño, entré en una
curvatura extraña del tejido espacio-tiempo y tardé más de lo que yo creía en regresar, o si es que había
viajado al pasado a través de esta anomalía cuántica, pero el caso es que el amiguete seguía en sus trece diciendo que él había llegado
primero.
Mintiéndome en mi cara el
sinvergüenza. Entonces saqué mi
cortador de puros y le rebané un pulgar en señal de
venganza. Mentira. Pero me dieron ganas de hacerlo. Al final por no liarla, uno que es hombre de paz, le dije que se
quedase con el puto sitio... por el momento. El chaval, se quedo sentadito, sin levantar el culo de la silla los
15 minutos que tardó en llegar el profesor, bajo mi atenta e inquisitoria mirada.
Compañero, si estas leyendo esto, recuerda que
no te valió de nada tu ansia y tu mentira, porque nos volvimos a ver las caras en
Junio.
Touchez!